1 ene. 2009

Gata bruja



Los gatos poseen cualidades sorprendentes, facultades y poderes que mucha gente ignora. Son unos animales realmente misteriosos y, a la vez, fascinantes. Casi todos los que poseen una mascota reconocen que en más de una ocasión se comportan como si intuyeran lo que van a hacer o qué va a pasar.

Un ejemplo histórico sobrecogedor es el de Sir Winston Churchill, que se encontraba enfermo y en cama atendido por sus médicos. Una noche, cuando ya estaba fuera de peligro, su gato empezó a maullar para salir de la habitación. Al día siguiente amaneció muerto. El gato había presentido su muerte mejor que los doctores.

Sentidos más desarrollados
Es cierto que los animales tienen algunos sentidos más desarrollados que los humanos; los gatos tienen 40 veces más células olfativas, y su rango de sonidos audibles es mucho mayor, además de poder orientar sus orejas, aunque su vista no le permite identificar un objeto inmóvil a más de 300 m., aunque usan más su sentido del tacto a través de sus bigotes.
Son muchos los sentidos que poseen los animales, y en especial nuestras mascotas; sin embargo los que conocemos no pueden explicar ciertos comportamientos: no es raro que un gato intente descolgar un teléfono que suena sólo si es su amo el que llama, o que estos posean un sentido de orientación tan fino que se han dado casos de felinos que han recorrido 3.500 Km. para encontrar a su amo. No es extraño que en la antigüedad se les atribuyeran poderes mágicos o que se venerara a los gatos en Egipto.

No todos los fenómenos son inexplicables: las sensibles patas de un gato pueden predecir un terremoto y al oír las palabras 'veterinario' o 'vacaciones' ya saben lo que le espera y actúan en consecuencia. Son también muy sensibles a los fenómenos eléctricos y barométricos, de modo que pueden predecir en cierta manera el tiempo. Los científicos no se ponen de acuerdo en torno a los fenómenos inexplicables, pero los más desinhibidos apuntan a que los animales pueden detectar campos energéticos invisibles para nosotros, que hemos perdido esta facultad por el desuso.

Muchos autores se han referido a estos animales y escrito fascinantes historias de gatos telépatas, clarividentes o dotados de habilidades que escapan a cuanto conocemos del mundo animal y que han sido estudiadas en laboratorio. Por ejemplo, su facultad, como la de algunos perros, de localizar y encontrar a sus dueños tras haber recorrido largas distancias, sin encontrarse explicaciones de cómo pudieron hacerlo. Incluso hay gatos cuya lealtad va más allá de la muerte. Se han dado casos de morir sus dueños y, tras ser enterrados, en ocasiones a bastantes kilómetros de su casa, los felinos se dirigieron hacia la tumba (sin que nadie sepa cómo pudieron localizarla), para darles el último adiós o, incluso, para permanecer de por vida en el cementerio, sin que los familiares de los difuntos pudieran sacarles de allí. Y también se cree que su sensibilidad psíquica les permite detectar la presencia de fantasmas o espíritus... lo que contribuye más aún a acrecentar la aureola del gato como uno de los animales mágicos por excelencia.

Divinizados
Como ya hemos señalado, el gato es un animal misterioso y fascinante. Los antiguos egipcios, pueblo eminentemente agricultor, veían en ellos a los defensores de sus graneros, al mantenerlos libres de ratas, y llegaron a divinizarlos, conservándolos en los templos y enterrándolos en los hipogeos, cuidadosamente embalsamados. Para ellos era el animal representativo de la diosa Pasht, denominada también Bastet. Su mirada enigmática les hizo ver en él una manifestación del supremo principio divino: el Ojo Solar. De ahí que le llamaran mau, término que, además de estar derivado de sus maullidos, para los egipcios significaba también ojo. En el delta del Nilo fundaron la ciudad sagrada de Bubastis, para honrar a los gatos y a su diosa, enterrándolos allí.
El gato enroscado sobre sí mismo era para los sacerdotes egipcios símbolo de la sabiduría y la meditación. Para todos, representaba el espíritu del bien, el amor, la maternidad y la fertilidad. Era el símbolo animal de la trinidad formada por la madre Isis (de la que Bastet es una manifestación), su esposo Osiris (nacido de la gata sagrada Nout) y su hijo Horus y, al igual que ellos se enfrentan a Seth, símbolo del mal, se representa al gato combatiendo a Apophis, la serpiente-dragón de las tinieblas. La ley egipcia condenaba a ser lapidado por la multitud a quien matase voluntariamente a uno de ellos. En los incendios, la preocupación principal era salvar al gato. Si moría, se untaban con sus cenizas, guardaban luto, se rasuraban las cabezas, depilaban sus cejas y mantenían prolongados ayunos durante las ceremonias fúnebres.

El gato salvaje era también el animal de Freya, diosa nórdica del amor y la belleza. Fue consagrado a la diosa griega Afrodita y asimilado a la Diana romana.

En algunas regiones de Hungría (tierra, por otra parte, famosa por las supersticiones y creencias en seres sobrenaturales, tales como los vampiros y los hombres-lobo), se cree que las brujas se transforman en gatos negros para llevar a cabo sus"maldades".

Los marineros, por el contrario, han estado siempre convencidos de que, además de cuidar de la carga y las provisiones, protegen al barco de las tempestades, levantan el viento y actúan como amuletos. Viendo que se lava siempre, lamiéndose continuamente, se convencieron de que era el único animal que no portaba gérmenes y lo convirtieron en su animal predilecto, tanto a bordo como en sus hogares, en tierra.

Cualidades mágicas
En el Islam, la tradición lo considera un animal favorable (ya que contaba con el aprecio de Mahoma), siempre que no sea negro. Un gato negro posee para los islámicos cualidades mágicas, y se comen su carne para librarse de un conjuro, creen que su bazo detiene la menstruación en la mujer y que con su sangre pueden escribirse poderosos hechizos y sortilegios. En Extremo Oriente le consideran también mágico. En la India es muy respetado, pues simboliza la beatitud del asceta, por su aparente indiferencia ante todo cuanto le rodea. Para los chinos es benefactor y signo de buena suerte, pero también le sacrificaban y sepultaban para garantizar buenas cosechas. En cambio, para los japoneses, a pesar de apreciarle por los servicios que presta cazando ratones, es considerado un animal de mal augurio, capaz de matar a las mujeres o de adoptar su forma, igual que otros animales sobre los que se han entretejido numerosas leyendas, como las raposas o las zorras, que se metamorfoseaban en mujeres, y viceversa. Los brujos y curanderos africanos confeccionaban sus saquitos para portar medicinas y ungüentos con pieles de gatos salvajes. Los indios norteamericanos le consideraban sagrado y no podía ser matado salvo para fines religiosos y observando unos ciertos rituales.

Música en los bigotes
Los científicos han realizado descubrimientos sorprendentes sobre estos felinos. Por ejemplo, ahora se sabe que sus bigotes son órganos sensoriales. El felino no puede percibir notas musicales a través de ellos, pero la música ha servido a un grupo de científicos alemanes para realizar una serie de curiosos experimentos. Han llegado a la conclusión de que las ondas musicales, que se traspasan a un pelo del bigote de un gato, son captadas y acumuladas por los nervios táctiles. Consiguieron volver a convertir en música las corrientes nerviosas y constataron que se repetía la melodía e incluso que era posible reconocer determinados instrumentos. La transmisión del lenguaje, por el contrario, es mucho más limitada, y si bien se oía el ritmo y la melodía de una frase, no ha sido posible percibir palabras, aunque la Sociedad Alemana de Investigación no descarta continuar con nuevos experimentos.

Asimismo, los gatos eligen para descansar, además de los lugares cálidos y confortables, puntos donde exista una fuerte intensidad energética, en los cuales se recargan. Esas energías no siempre son favorables para los seres humanos, por lo que puede decirse que se comportan como "esponjas" que absorben y purifican las influencias de su entorno.

Durante siglos, ha sido creencia generalizada en muchas partes del mundo que los gatos son capaces de pronosticar, comportándose de un cierto modo, cuándo va a llover o incluso cuando se avecina un terremoto. Ello puede explicarse por una hipersensibilidad a los cambios meteorológicos o los disturbios magnéticos. Se han observado casos de gatos que parecen conocer inexplicablemente la hora y el día en que van a suceder ciertos acontecimientos. En la Segunda Guerra Mundial, habitantes de muchas ciudades que vivieron el conflicto (como Londres o Berlín) aprendieron a utilizar a los gatos como sistema de alarma cuando iba a producirse un bombardeo. Antes de que los aviones fueran detectados por los radares, los pelos de estos animales se erizaban y corrían hacia los refugios. Gracias a ellos se salvaron tantas vidas humanas que los gatos fueron condecorados por el gobierno británico, finalizada la contienda, en una solemne ceremonia.

Desconozco autor.

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