Sólo las lágrimas piensan
en mis viejos compañeros
condenados al olvido
en algún gris vertedero
Oscuridad ambulante,
guardianes de mis sueños
y ahora sólo sombras
de lo que un día fueron
Arrastrándose entre latas
les observa un basurero
se esconden de las ratas
que quieren roer su cuero
En las montañas de trastos
muere cada año un enero
allí la soledad muerde
sus sucios cordones negros
Si alguna vez guardasteis
una carta, un recuerdo
no os extrañéis si os digo
que les echo de menos
No neguéis que la edad es oro,
si os gusta el vino añejo,
¿Qué podéis echar en cara
a mis zapatos viejos?


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